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La desidia de los médicos llega hasta puntos desorbitantes

Que la profesión médica es una de las más denostadas del momento es algo que cada vez menos gente lo está poniendo en duda. Hace solamente unos años ser médico era sinónimo de eficiencia, respeto, delicadeza y profesionalidad, pero en estos tiempos es precisamente todo lo contrario. El último caso ha sido el de la joven embarazada fallecida en Madrid por gripe A, o, mejor dicho, por la desidia de los médicos. Una persona que la han dejado morir tan tranquilamente que la frialdad con la que lo han hecho, sino fuera porque ya estamos acostumbrados a que los mal llamados "profesionales de la medicina", nos haría llevarnos las manos a la cabeza. Además, el gobierno madrileño sale "exculpando" a los médicos diciendo que era porque tenía asma, un gobierno que es el primero que debería callarse, porque la comunidad de Madrid lleva pagando multimillonarias cifras a los familiares que denuncian sus negligencias médicas, pero claro, como ellos de sus bolsillos no lo pagan, sino que pagan las multas los ciudadanos, pues no les importa pagar lo que sea. Si tuvieran que hacer frente con sus honorarios otro gallo cantaría.

Y en Asturias no estamos mucho mejor. Desde que el gobierno asturiano decidió tomar las competencias en materia de salud esto va de mal en peor. Tras unos cuantos años en que han echado (literalmente, porque los han echado) a los profesionales formados aquí para que emigren a Inglaterra, principalmente, ahora se dedican a contratar personal cubano, venezolano y, en general, latinoamericano. La última vez que acudí a urgencias era de risa: la enfermera tenía que sujetar el tensiómetro con una mano a la vez que lo oprimía ella misma, porque estaba tan desgastado que se caía a piezas, con la tela descosida por todos lados. Tercermundista total. El médico que nos atendió era un árabe que no sabía hablar español, te decía las cosas por señas y farfulleando (¡es cierto!, aún guardo sus datos y número de colegiado por si alguien quiere verlo). Encima no conocía los medicamentos españoles, no firmaba las recetas (varias personas tuvieron que regresar después de haberse recorrido kilómetros y kilómetros en busca de una farmacia abierta).

Y de errores médicos podría hablar un mundo, porque en mi familia está llena de errores médicos, desde que te diagnostican gripe cuando en realidad es un tumor cerebral, a decirte que te pongas compresas calientes en una fractura, o enviarte a casa con un ojo reventado porque la doctora no sabía qué hacer (vuelva mañana a urgencias a ver si le toca otro, nos dijeron). Asombroso.

Luego te aconsejan que ante el menor síntoma de dolor acudas al médico, ¿para qué? La chica muerta en Madrid acudió varias veces y en ninguna le hicieron el mismo caso, lo mismo que al profesor Neira, y a millones de pacientes.

En este país si no eres rico o famoso pasan de tí y te dejan morir como los cerdos, como mi padre, que murió en medio de gritos en una habitación llena de pacientes que suplicaban que le dieran algo y en donde había tantas camas que no podías ni moverte. Y los médicos del hospital central haciendo oídos sordos. ¿Harían eso mismo con otros? Para hablar con un médico cuando ingresaron a un familiar teníamos que esperar de pie, en un pasillo, ¡tres horas! (y eso si el doctor tenía ganas de atenderte, que, cuando no, se escabullía para no hablar con los familiares).

Gracias al gobierno regional, Asturias está padeciendo niveles de atención sanitaria que sólo son comparables a estados subdesarrollados, con pésima atención, pésimos cuidados y personal enormemente mal formado, cuando no extranjeros sin ninguna formación.

Algún día hablaré de los médicos venezolanos que están ejerciendo aquí, conozco a uno y lo que me cuenta es para echarse a temblar.